miércoles, 25 de agosto de 2010

El Mito Serpentario

La Serpiente es una figura simbólica que forma parte, bajo uno u otro aspecto, con unos significados bastante diversos, del material mítico que la Humanidad conserva con sus tradiciones:
  • Es Quetzalcóatl entre los aztecas y Apop entre los egipcios.
  • Se multiplica sobre la cabeza de Medusa en el mito griego.
  • Es el origen de toda sabiduría bajo la representación de un ofidio mordisqueándose la cola en la Teosofía blavastskiana.
  • Es muerta por el Arcángel Miguel o ahuyentada por el Ágata de San Alberto.
  • Origina la letra «S» de nuestro alfabeto.
  • Es símbolo fálico de los sueños freudianos.
  • No deja de chocarnos su constante aparición y las casi infinitas facetas de sus representaciones y significados.

    El mitólogo Vladimir Propp confiesa que es «una de las figuras más complicadas e indescifrables del folklore y de la religión en todo el mundo».

    Y cuantos más autores —estudiosos, científicos o videntes— consultemos, tantas más significaciones y variantes veremos en la figura del reptil. Trataremos de hacer un resumen.


    GUARDADORA DE SECRETOS

    En los mitos antiguos, la serpiente tiene el significado impreciso de algo que está oculto, secreto, de algo íntimamente relacionado con la Sabiduría Esotérica, con la Magia Negra, la consecución de poder, la audacia, la astucia:
    «Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yahweh Dios [...].

    «Y dijo la serpiente a la mujer: "No, no moriréis. Porque sabe Dios que el día que de él comáis, se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del Bien y del Mal"» (Génesis 3:1, 4-5)
    La serpiente es guardadora de secretos. En Asturias (norte de España) abundan las tradiciones que nos hablan de cavernas con tesoros guardados por serpientes: allí se las llama Cuélebres.

    Incluso en la Iglesia Parroquial de Pola de Somiedo, hayamos una inscripción críptica que llama la atención por el significado misterioso que puede entrañar:
    «A Francia fue un caballero de los Flórez de Estrada. Allí, peleando con una culebra sacó una doncella culebrona».
    Hércules, el héroe griego se enfrentó a lo largo de su vida mítica con numerosas serpientes y, se nos antoja como un sempiterno luchador contra el secretismo serpentario:
    1) Ya de niño, atacan su cuna dos serpientes. Él toma una con cada mano y las ahoga a ambas.

    2) En el segundo de sus 12 Trabajos, se enfrenta y mata a la Hidra de Lerna, un monstruo con 100 cabezas de serpiente.

    3) Por último, se enfrenta y mata a la Serpiente Ladón, que guarda las Manzanas de Oro del Jardín de las Hespérides, que él va a robar.
    En Egipto, los Faraones la llevaban sobre la frente como símbolo de su poder.

    Aparece también mezclada con el drama de la Creación Original en los Templos de Angkor.

    Está multiplicada en los frisos de la Pirámide de Zoser, en Sakkarah como representación de simbólica de las reencarnaciones del hombre.

    Inmortalidad, poder, secreto, creación, peligro… demasiadas variantes para un solo símbolo. Y hay más: desde el Caduceo de Hermes hasta la figura con pies de serpiente que figura en el Sello Templario bajo la inscripción: Secretum Templum.

    Demasiadas significaciones... a no ser que todas ellas coincidan en un vértice muy preciso. Diversidad en una unidad que parece lejana, desconocida, múltiple en sus representaciones.


    QUINTA COLUMNA

    Hay unos versos (153 a 157) de la «Ora Marítima» de Rufo Festo Avieno, que se refieren a la Península Ibérica:
    «Dicen que Ofiussa [Serpentaria] es tan ancha como la isla de Pélope en Grecia. Se la llamó primero Oestrimnia, porque habitaron sus lugares y campos los Oestrímnicos. Después, una multitud de serpientes hizo huir a sus habitantes y recibió el nombre nuevo».
    (Se admite ya de modo tácito que el poema geográfico de Avieno procede de un «Periplo» griego que puede datar del Siglo 6 AEC).

    En los pueblos valencianos de Násera, Museros y El Cabañal, se han recogido tradiciones que mencionan la antigua marcha hacia el mar de manadas de serpientes peludas que se sostenían sobre su cola y lanzaban bramidos aterradores.

    El Idrisi, viajero y geógrafo musulmán del Siglo 12, escribe de Zaragoza que en aquella ciudad no hay serpientes, y que si alguna es llevada allí desde el exterior, muere al instante.

    Los Hombres-Serpiente, pues, fueron seres que combatieron y conquistaron. Seres a los que luego se combatió, se venció y se segregó violentamente.

    Eran tiempos en que, a través de prácticas mágicas, los Atlantes pretendían recuperar (¡o adquirir!) poderes y conocimientos que o bien había olvidado o bien había entrevisto sin llegar a poseer.

    En este período totémico en el que el hombre quiere acercarse a la sabiduría y a los poderes del dios que ha adoptado, los Ritos de Iniciación le conducen a una serie de actos mediante los cuales, como neófito, se hace engullir simbólicamente por el animal totémico: entonces le vence desde dentro, o facilita con su acción interna que la serpiente sea vencida desde fuera, pues «para matar al devorador hay que estar dentro de él».

    Este Rito implica conocer al monstruo, asimilando sus poderes por el hecho de vivir un tiempo en su interior.

    Si trasladamos esto al plano terrenal, nos encontramos con una Quinta Columna en el territorio enemigo, que conocería sus tácticas y métodos, que adoptaría sus costumbres y aprendería su saber, y que, una vez digerida toda esa amalgama que compone la naturaleza enemiga, la socavaría y la vencería. Táctica guerrera, al fin y al cabo. También de aprendizaje... ¡Y de iniciación!


    MÁS INDICIOS SERPENTARIOS

    Los pueblos del Oriente Mediterráneo, conocieron la influencia de los Atlantes Dispersos (Osiris/Cíclopes/Thuata de Dannan), poseedores de la Magia Blanca que transmitieron a sus aliados. Y esos pueblos habrían colaborado a la derrota de los Atlantes Sedentarios (Seth/Titanes/Fir-Bolg), poseedores de la Magia Negra.

    Los vencidos, después de su derrota, se refugiaron en las cavernas en donde se confinaron los secretos de su Sabiduría Esotérica.

    Veamos más indicios:
    1) Avieno, en su «Ora Marítima», llama eventualmente a los pueblos serpentarios Dragani.

    2) Seres aparentemente humanos de los mitos, sabios o magos, son descritos como descendientes directos de las serpientes o tienen un componente serpentario en su genealogía. Otras veces se trata de bestias, como el León de Nemea (hijo de Equidna) y la Hidra de Lerna... ambos hijos de Tifón, que era un Titán (recordemos la identidad que establecimos: Titanes/Seth/Fir-Bolg/Serpiente). Y en algunos casos, aún encontraremos personajes históricos con un pasado mítico en su haber geográfico: Alejandro Magno, por ejemplo, de quien se dijo que era hijo de una serpiente.

    3) La serpiente —como sus descendientes— es detentadora de poderes mágicos, que transmite a quien le ha vencido. Sirgud, el héroe de la leyenda nórdica de los Nibelungos, vence a la Serpiente-Dragón Fafnir, se baña con su sangre y adquiere el don de aprender el Lenguaje de los Pájaros. Por su parte, Apolo-Dionisos vencerá a la Serpiente Pitón y sobre su cadáver se colocará, en Delfos, la Piedra Ómfalos, sobre la cual tendrán lugar los augurios de la pitonisa del Oráculo.

    4) La serpiente puede ser vencida por elementos de su misma estirpe. Camino al Mar Rojo, una plaga de serpientes amenaza al Pueblo de Israel (Números 21:6-9). Yahweh manda a Moisés que construya una Serpiente de Bronce y «cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba la Serpiente de Bronce y se curaba». Los Titanes fueron vencidos por los Cíclopes —ambos gigantes—, y los Magos Fir-Bolg por sus hermanos de raza los Magos Thuata de Dannan.

    5) La serpiente no constituye para todos un símbolo negativo. El Caduceo de Hermes es símbolo de Sabiduría. Y si desviamos su dirección, se convertirá en el símbolo del Infinito. La serpiente también fue el espíritu positivo de los Gnósticos llamados Ofitas, para quienes el reptil del Jardín del Edén había sido enviado por Sofía —la Sabiduría— para que el hombre, al adquirir a través de ella la Ciencia del Bien y del Mal, estuviera en condiciones de quebrantar los preceptos absurdos y las prohibiciones arbitrarias que le habían sido impuestas por la tiranía del Demiurgo.
    Las cuevas neolíticas del País Vasco han sido ricas en hallazgos de útiles fabricados en piedra pulimentada. Buena parte de estas hachas y cuchillos fueron trabajados con un material llamado ofita.

    Creemos que no es ésta una coincidencia gratuita, como tampoco la semejanza de las raíces etimológicas primitivas de ofidio y oficio, puesto que el Rito Serpentario lleva consigo una enseñanza de las artes, de los trabajos que el hombre, en todas las leyendas originarias, confiesa haber recibido de los Dioses.

    Dioses que luego, vencidos por otros Dioses más poderosos, se ocultaron en las cavernas, en las profundidades de la Tierra, lejos de la mirada de los que no eran sus Adeptos y, desde allí —o desde lugares secretos y escondidos, desconocidos en general y temidos por la mayoría de los hombres— guardaron su Saber Oculto (esotérico), impartiéndolo únicamente a los elegidos, a quienes hacían prometer el secreto y no quebrantar sus Leyes Iniciáticas.


    CUENTOS Y LEYENDAS

    La Tradición Esotérica se generalizó y se convirtió, con el tiempo, primero en rito y después en mito. La serpiente, en el cuento popular, ha de ser vencida para que el héroe adquiera sus poderes.

    Por eso el Cid Campeador, en una narración mítica que se cuenta en el pueblo burgalés de Basconcillos de Tozo, luchó con una serpiente y la venció con la ayuda del brillo cegador de sus armas de hierro.

    Del mismo modo la Gorgona Medusa había sido vencida mucho antes por Perseo, cegada por el reflejo del escudo en que el héroe griego miraba su imagen, porque Medusa no podía ser mirada directamente.

    Por eso también las sacerdotisas cretenses son representadas con sendas serpientes arrollándose a sus muñecas.

    El mismo motivo hace que el Vellocino de Oro sea guardado por un dragón y que, en el Rig Veda, una serpiente guarde las Vacas de Paní, y que los Cuélebres Silbadores custodien los tesoros escondidos que hay en el fondo de las cuevas asturianas.

    Es muy significativo que la serpiente sea considerada un ser longevo y que, como reptil, renazca igual que un Fénix de su propia piel abandonada cada primavera.

    Senecta, en latín, significa ancianidad, vejez, pero el naturalista Plinio llama Senecta Serpentium a la piel abandonada de la serpiente.

    Los mitos nos cuentan que las serpientes se refugiaron en cavernas, tal como la serpiente verdadera que, por su misma naturaleza, tiene una indudable facilidad para encontrar escondites bajo tierra.

    Y ya hemos visto cómo el simbolismo serpentario aparece unas veces como maléfico, y otras, como beneficioso. En el plano de la realidad, también el veneno de las serpientes, según sea empleado, puede tener virtudes terapéuticas.


    LA LUCHA POR LA INMORTALIDAD

    Poseedora y transmisora de Sabiduría Secreta que sus propios enemigos desean poseer, la serpiente mítica se nos aparece siempre —al margen de su bondad o maldad— como símbolo o marca de identidad de todo lo esotérico y de esa inmortalidad buscada incansablemente por el hombre desde su origen.

    El Secreto de la Inmortalidad, en los mitos, está en poder de la serpiente, que la guarda celosamente. Y hay que ir a arrancársela por la violencia para conocerla, porque la serpiente, en todos los casos, hará lo posible por conservarla, secreta y desconocida, para el ser humano.

    Por eso, Gilgamesh, el héroe babilónico, conquista una Hierba de la Eterna Juventud en el fondo de un lago, pero... mientras se baña, después de su conquista, una serpiente se la roba de la barca.

    Y Sigurd, el escandinavo, mata también a la serpiente y, bañándose en su sangre, se hace invencible —esto es, inmortal—, pero... una hoja caída sobre su espalda marcará el único punto vulnerable de su cuerpo, que le será fatal en la hora de la traición.

    La lucha de los Héroes Míticos contra las serpientes será, de este modo, la lucha simbólica en pos del Conocimiento de la Inmortalidad.

    Y aquellos que crean detentar ese poder —como la sabiduría de todos los poderes que vencen a la muerte y le dan al hombre su afirmación última—, aquellos que se crean poseedores de los más recónditos secretos del Más Allá, tomarán a la serpiente como el emblema.


    ESCULTURAS REVELADORAS

    Así comprenderemos mejor el motivo de las esculturas de la Catedral de Jaca (Huesca, España), esculpidas en su mayor parte por el llamado «Maestro de las Serpientes», en el Siglo 12.

    Los capiteles de la catedral están repletos de motivos serpentarios. Unas veces, éstas atacan a los humanos con una furia casi insólita en el estilo artístico románico. Otras veces son los hombres quienes llevan a las serpientes mansamente agarradas de la mano.

    Los primeros representan, sin duda, a los enemigos del Esoterismo Serpentario. Los segundos, a los seguidores de los saberes mágicos, simbolizados por el ofidio.

    Estos saberes se harán aún más patentes en otra obra atribuida al mismo desconocido maestro: el tímpano de Santa María la Real de Sangüesa (Navarra), entre cuyas figuras nos sorprende la de una mujer —de atributos divinos, a juzgar por el lugar que ocupa— que amamanta a un niño casi rana con el pecho derecho y a una serpiente con el izquierdo.

    Estamos ante unas reminiscencias, parcialmente cristianizadas —y no serán las únicas que encontraríamos en una búsqueda sistemática de indicios mágicos—, de la Gran Madre de las Religiones Mistéricas.

    Nos habremos tropezado con ella ya mucho antes en el tiempo, en Cnossos, donde la figura de esa Gran Madre luce la serpiente, como atributo a su divinidad, arrollada a la mano izquierda, mientras sostiene un ave en la palma de la mano derecha.

    Esa Diosa de Cnossos, reconciliadora de enemigos en su gran seno materno, que tiene cabida para todos, es portadora, precisamente, de los dos símbolos antagónicos, de los dos esquemas paralelos del saber y el actuar, irreconciliables desde los albores de la historia.


    MÁS MISTERIOS SERPENTARIOS Y REPTILIANOS

  • El Génesis de los Nacaal («Hermanos Santos» de MU) nos habla de una «Potencia Autoexistente», una Serpiente de 7 Cabezas, Creadora de Mundos, que engendró Huevos Cósmicos.

  • En los mitos hindúes, Vishnú reposa sobre la Serpiente de 7 Cabezas, Sesha («La Perdurable») o Ananta («La Eternidad»), mientras sueña la creación del Universo, tras lo cual, esparce su Semilla en las Aguas Cósmicas, originando un Huevo de Oro, «tan resplandeciente como el Sol», de donde saldrá toda criatura viviente.

  • Para los persas, en la cúspide el panteón divino estaba Ahura Mazda, Dios de la Luz, con su hijo Mitra, y unas entidades resplandecientes, los DAEVA. Algunos de éstos desobedecieron el Orden Cósmico, instigados por «la vieja serpiente con dos pies», Angra Manyu.

  • El Apocalipsis nos habla de un Dragón Escarlata, o «Serpiente Antigua», de 7 Cabezas y 10 Cuernos, y se la llama «Diablo y Satanás». Los Gnósticos decían que éste Universo fue creado por Satanás, que se hizo pasar por Dios.

  • Los Sethianos llamaban «Serpiente» al Poder Creador que con su Vibración Sonora (siseo) plasma el Logos.

  • Los Cultos Órficos de la Grecia de los Siglos 5 y 6 AEC, aseguraban que al principio, únicamente existía la Noche oscura, de la que tomó forma un gran viento con la forma de la Serpiente Ofión, que, uniéndose a la oscuridad, generó el Huevo Primordial.

  • Los Naga eran deidades serpentiformes, Reyes-Cobra detentadores de la supremacía celeste. Al igual que Mayas y Egipcios, el panteón hindú tiene 9 deidades, las «9 Cobras de Brahma». El origen de los Naga se pierde en el tiempo, dado que sus más antiguos poemas épicos los sitúan en una época que se remonta 870.000 años atrás.

  • El texto tibetano «Las Estancias de Dzyan» habla de los Naga como «las serpientes que reían, las que trajeron paz a la Quinta Raza y la instruyeron».

  • En Angkor Wat (Camboya), la simbología reptiliana está magistralmente representada por innumerables esculturas de cobras. Una de ellas, en actitud desafiante, parece representar a la Constelación del Dragón (Draco). La pequeña pirámide Fimeanakas apuntaba hacia Draco y en su interior tenía lugar la «unión» del Soberano con una Mujer-Serpiente, rito iniciático y astronómico.

  • Buda, encarnación de Vishnú, se convierte en «El Iluminado» cuando Mucalinda, el Rey Cobra de 7 Cabezas, le ofrece refugio durante una tempestad.

  • La Tribu Yezidi, en Kurdistán, creía en Lasifarus, Ángel Resplandeciente que creó el mundo a partir de un Huevo Cósmico, y el Pueblo Yaresan, afines a ellos, es devoto de Azhi Dahaka, Rey Serpiente de Daeva, vecinos de los Angra Manyu.

  • Los iraníes, en tiempos del dominio medo, llamaban a sus soberanos Mar (Serpiente), y el Rey Astiage de Media (Siglo 6 AC), tenía también el apelativo de Azhi Dahaka o Dahhak (Gran Serpiente).

  • También los Armenios, en sus cantos, recuerdan a la Vishap («Dinastía de los Dragones») de Media.

  • El Libro Egipcio «Sobre Aquello que está en el Duat» (región cósmica ubicada entre las Constelaciones de Leo y Orión), esculpido en las tumbas del Valle de los Reyes, recitan una interesante invocación a RA: «Tus dos hijas serpientes te remolcan en tu forma. Las Diosas Serpiente de Urano te aclaman, las Diosas Serpiente te alaban...».

  • Según el Libro Egipcio de los Muertos, la Cobra-Ureus que se yergue sobre el Casco de Osiris, emanaba extrañas radiaciones, y su armadura lanzaba rayos de fuego, igual que el Arca de la Alianza hebrea.

  • El nombre bíblico de Eva puede traducirse como «Serpiente Hembra» o «Señora de la Serpiente». Textos sumerios sugieren que Eva fue engendrada por el Dios Enki, a la vez que textos hebreos sugieren que Caín, el primer hijo de Eva, fue engendrado por el Ángel Rebelde Gadreel.

  • En Nepal se venera a una divinidad acostada sobre reptiles llamada Narayan: «Aquella cuya Casa es el Agua». En Sumeria, otro de los nombres de Enki era Ea, «Aquel cuya Casa está en el Agua».

  • En el Templo de Quetzalcóatl («Serpiente Emplumada»), en Teotihuacán, se exhiben máscaras serpentiformes de este dios, que enseñó a los nativos el Calendario Tzolkin, basado en Ciclos Venusinos y Pleyadianos.

  • «Los 16 Libros de Chilam Balaam» recuerdan la llegada al Yucatán, en tiempos remotos, de hombres rubios y barbudos, de piel blanca y ojos azules, en grupo y a bordo de balsas que brillaban como las escamas de un reptil. Se hacían llamar Ah-Tzai, «El Pueblo de la Serpiente de Cascabel», y sus Sacerdotes eran conocidos como Chanes (Serpientes). Estos extranjeros daban una enorme importancia a este reptil, el Crotalus Durisus Durisus, conocido como Ahau Can, el «Gran Señor Serpiente», igualmente venerado en toda América.

  • La Constelación de Las Pléyades era conocida como Kan (Serpiente) en la Tradición Maya, y se la comparaba con la cola de la serpiente de cascabel. Tradiciones indígenas de toda América señalan a Las Pléyades como el lugar de origen de sus Dioses.

  • Un rito desconcertante, introducido por los Chanes, es la deformación de la cabeza de los niños nobles, para darles el aspecto de los Dioses Serpiente. Son significativos los cráneos alargados repartidos por el mundo, desde América hasta Egipto.

  • También Pacal Votán, el soberano maya de Palenque, tenía el cráneo alargado, y la Máscara de Jade que cubría su rostro en la cripta subterránea imitaba las escamas de la serpiente. De igual forma, sobre los pilares del Templo de las Inscripciones de Palenque, aparecen mujeres que tienen en brazos un niño cuya espina dorsal se prolonga en una cola reptiloide.

  • En una obra hebrea apócrifa, el «Texto de Amran», el padre de Moisés se encuentra con criaturas que tienen el rostro de víboras, también reproducidas en estatuillas de la cultura Ubaid en Mesopotamia. Tal sería el aspecto de al menos algunos de los «Vigilantes» citados en otro apócrifo hebreo, el Libro de Enoch.

  • El Génesis llama a la prole de estos seres, Nefilim, muy posible derivación de Nefesh (serpiente).

  • Los Ofiógenos («Originados de la Serpiente»), antiguos habitantes del Helesponto griego, se consideraban descendientes de una unión de un ser reptil con la Reina Alia. Lo mismo sucedía con los atenienses que, inicialmente, se autodenominaban «Cecropios», atribuyendo el nacimiento de la Polis al Fundador-Serpiente Cécrope y a su hijo Erictonio.

  • Ofiuco o Serpentario es la 13ª Constelación del Zodíaco, destinada a recomponer el Destino Astrológico del Ser Humano de las profundidades galácticas, donde reina la calma.
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